domingo, 3 de mayo de 2015

En treinta minutos dejo de fumar. No se como va a ir. Lo hago porque estoy harto de fumar. Por asco.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Locura

Enloquecí. Me curaron y me dijeron que tenía que hacer para no volver a enloquecer. Eso hago.

viernes, 12 de julio de 2013

miércoles, 10 de julio de 2013

viernes, 28 de diciembre de 2012

Cine estadounidense de la última década IV


            Una última reseña merecen los directores James Gray, autor de las efectivas “Two lovers, 2008“ y “La noche es nuestra, 2007”, el independiente Spike Jonze, autor de “Adaptation (El ladrón de orquídeas), 2002” y de “I’m here, 2010”, David O. Russell, autor de “The fighter, 2010“, Ben Affleck, que se pasa tras la cámara para adaptar a Dennis Lehane en “Adiós pequeña, adiós, 2007”, a Chuck Hogan en “The Town (Ciudad de Ladrones), 2010” y dirigir la estimable “Argo, 2012” y Richard Linklater, autor de “Waking life, 2001” y de “Antes del atardecer, 2004” retomando la historia iniciada diez años antes. Otras muchas cintas han apelado al interés de sus historias sin abandonar la senda comercial como “V de Vendetta, 2006” de James McTeigue, “Drive, 2011” de Nicolas Winding Refn, “El ilusionista, 2006“ de Neil Burger, “Historia de un crimen, 2006“ de Douglas McGrath, sobre la gestación de la novela de Truman Capote “A sangre fría”, “Una historia de Brooklyn, 2005” de Noah Baumbach, “La carretera, 2009“ de John Hillcoat adaptando el apocalíptico relato de Cormac McCarthy, “Quills, 2000“ de Philip Kaufman, “La duda, 2008“ de John Patrick Shanley, “El velo pintado, 2006“ de John Curran, “Training day, 2010“ de Antoine Fuqua, “En la habitación, 2001“ de Todd Field, “Monster Ball, 2001“ de Marc Forster o “Los Tenenbaums. Una familia de genios, 2001” de Wes Anderson.
            En el ámbito del cine documental han proliferado muchísimas producciones de calidad de los más variados temas. En el espectro de la sátira política y económica aparece la enorme figura de Michael Moore, quién a través de “Bowling for Columbine, 2002“, “Fahrenheit 9/11, 2004“, o “Sicko, 2007” pone el dedo en la llaga sobre la venta de armas en Estados Unidos, el negocio de la guerra y la democracia o la búsqueda sin escrúpulos del negocio en el sistema sanitario. Con menor suerte Davis Guggenheim dirige “Una verdad incómoda, 2006” donde Al Gore denuncia la deriva del cambio climático. También el feroz Errol Morris dirige el espléndido documental “Rumores de guerra, 2003” y “S.O.P: Standard Operating Procedure, 2008” sobre las torturas en la prisión de Abu Ghraib y “Tabloid, 2010”. Asimismo cabe citar el lúcido “Super Size Me, 2004” de Morgan Spurlock, que denuncia la influencia nociva de la comida basura, “Capturing the Friedmans, 2003“, de Andrew Jarecki, “The Betrayal, 2008” de Ellen Kuras y Thavisouk Phrasavath, “Autism: The musical, 2007” de Tricia Regan, y el espeluznante “The Greatest Silence. Rape in Congo, 2007” de Lisa F. Jackson sobre el uso de la violación como arma de guerra en el Congo.

            Por lo que respecta a la aportación de los extranjeros, cabe decir que han arribado a Hollywood cineastas de las más variadas nacionalidades en busca del dinero que las grandes productoras ofrecen como aval ante el mínimo atisbo de éxito. Especial consideración merece el trasvase de autores británicos, que saltan a un lado y otro del Atlántico con suma facilidad, generalmente tras haber realizado algún filme notorio. Stephen Daldry dirigirá “Las horas, 2002” emotiva historia de mujeres que no redondea, y “The reader (El lector), 2008” con una ajustada Kate Winslet. San Mendes dirige la efectista “Camino a la perdición, 2002”, la fría y áspera “Revolutionary Road, 2008” y “Skyfall, 2012” filme de la franquicia de James Bond. Danny Boyle entregará “127 horas, 2010”, Anthony Minghella la convencional “Cold Mountain, 2003” y Paul Greengrass “United 93, 2006”. Podemos terminar la referencia a la aportación anglosajona citando al gran David Cronenberg, que tras dirigir en Canadá “Spider, 2002”, entregará la inquietante “Una historia de violencia, 2005” y la coproducción británica “Promesas del Este, 2007”, extraordinaria película con unos soberbios Viggo Mortensen y Naomi Watts.
            Entre los directores nórdicos cabe resaltar a Lasse Hallstrom, autor irregular que firma la destacable “Las normas de la casa de la sidra, 2000”, adaptando a John Irving y a la danesa Susanne Bier que dirige la absorbente “Cosas que perdimos en el fuego, 2007. El francés Michel Gondry entregará “¡Olvidate de mí!, 2004” singular historia de amor con un  sólido guión de Charlie Kaufman.
            De la aportación de los asiáticos debemos destacar a Ang Lee, autor de la oscarizada “Brokeback mountain (En terreno vedado),  2005”. Reseña especial merece el mexicano Alejandro González Iñárritu, quién en colaboración con el guionista Guillermo Arriaga será autor de la magnífica “21 gramos, 2003” y de la sorprendente “Babel, 2006”.

 

viernes, 21 de diciembre de 2012

Cine estadounidense de la última década III

De entre los géneros tradicionales del cine estadounidense tan solo la comedia ha mantenido su popularidad, si bien no podemos decir lo mismo del mantenimiento de su calidad. Cómicos como Jim Carrey, Adam Sandler, Ben Stiller, Will Smith, Eddie Murphy, Rob Schneider, Ashton Kutcher, Reese Whiterspoon, Jennifer Aniston, Cameron Díaz, Sandra Bullock o Anne Hathaway han sido los protagonistas de las más populares, sin que ninguna pueda salvarse de la mediocridad. La irrelevancia en la década de directores como Kevin Smith o Todd Haynes ha agudizado el problema de la calidad creativa del género. Comedias modestas e irreverentes como “Pequeña Miss Sunshine, 2006“, de Jonathan Dayton y Valerie Faris, “Entre copas, 2004” o “Los descendientes, 2011”, ambas de Alexander Payne, “Juno, 2007“ y “Up in the air, 2009“ ambas de Jason Reitman, “Lost in translation, 2003” de Sofia Coppola, “Algo en común, 2004” de Zach Braff o “Flores rotas, 2005” de Jim Jarmusch, pueden ser destacadas entre lo mejor del género.
La comedia musical ha dejado algunas obras de calado, como el alambicado y perfeccionista “Chicago, 2002” de Rob Marshall, la efectista “Molin Rouge, 2001” de Baz Luhrmann y la rutinaria “Across the Universe, 2007” de Julie Taymor
En el género de terror destacan una serie de obras como la excelente “The ring, 2002“, de Gore Verbinski, versión de la película japonesa de Koji Suzuki, “Las milla verde, 1999“, de Frank Darabont o “Paranormal activity, 2007” de Oren Peli. Pero será M. Night Shyamalan quién efectuará la mayor aportación al género, como abordaremos más adelante. Sin embargo el gran éxito de público recaerá en la saga “Crepúsculo, 2008“, de Catherine Hardwicke, historia vampírica para adolescentes donde prima la estética de sus protagonistas sobre cualquier elemento de naturaleza cinematográfica.
Ante la escasez de alternativas que ofrece el cine comercial de la década, los filmes de interés debemos buscarlos en las producciones de una serie de directores jóvenes que parecen tomar el relevo de los grandes maestros y de la generación de los noventa, renovando las temáticas y aportando una nueva mirada crítica al cine del nuevo siglo. Puede citarse a  Paul Thomas Anderson, David Fincher, Darren Aronofsky, M. Night Shyamalan y Christopher Nolan.
Paul Thomas Anderson, que había deslumbrado con “Magnolia, 1999”, es un director de gran potencia narrativa que ha firmado “Punch Drunk Love, 2002”, la excesivamente barroca “Pozos de ambición, 2007” y la magnética “The Master, 2012”. David Fincher, autor de “Seven, 1995” entregará la minuciosa “Zodiac, 2007”, la irregular “El curioso caso de Benjamin Button, 2008”, la entretenida “La red social, 2010” sobre el surgimiento de la red social facebook, y la versión estadounidense de “Millenium: los hombres que no amaban a las mujeres, 2011”, adaptando la exitosa novela de Stieg Larsson. Darren Aronofsky es un director visceral que bucea en personajes atormentados como en su brillante “Requiem por un sueño, 2000”, en “El luchador, 2008” y en su efectista “Cisne negro, 2010”
M. Night Shyamalan emerge como una gran figura creadora del cine de terror y fantástico con “El sexto sentido, 1999”, y continúa con sus creaciones minimalistas que forjan el suspense con elementos cotidianos y nunca estridentes con “El protegido, 2000”, “El bosque, 2004” y “El incidente, 2008” entre las que intercala las inferiores “Señales, 2002” y “La joven del agua, 2006”. Por su parte el inglés Christopher Nolan, además de renovar con talento la saga del superhéroe Batman firmará el desasosegante thrillerMemento, 2000”, el interesante “Insomnio, 2002”, la decepcionante historia de magos “El truco final (El prestigio), 2006” y el estimulante thriller surrealista “Origen, 2010”.
Junto a ellos otros autores han proyectado filmes donde se intenta que prime la calidad del guión y la fuerza de la historia que pretende contar sobre los elementos espectaculares. Paul Haggis, guionista de Million dollar baby, intenta recrear el mosaico de tensiones de Los Ángeles en la fallida “Crash (Colisión), 2004”, para entrar de lleno en la ocultación interesada que conlleva la participación militar en la guerra de Irak con “En el valle de Elah, 2007“, senda de tibia crítica política que también puede apreciarse en “El buen pastor, 2006“ de Robert de Niro, “Syriana, 2005“ de Stephen Gaghan, “El señor de la guerra, 2005“ de Andrew Niccol, “Leones por corderos, 2007“ de Robert Redford y “Los idus de marzo, 2011“ de George Clooney. Clooney ha dirigido asimismo “Confesiones de una mente peligrosa, 2002” y el sobrio alegato anti-mccarthyBuenas noches y buena suerte, 2005“. Igualmente ha protagonizado la oscura “Michael Clayton, 2007” de Tony Gilroy. En esta serie de películas puede incluirse la atractiva “El desafío: Frost contra Nixon, 2008“, de Ron Howard y la fría “Munich, 2005” de Steven Spielberg. No obstante, la producción hollywoodiense siempre conlleva una reivindicación de los valores militares como se encarga de evidenciar “En tierra hostil, 2008“, de Kathryn Bigelow, tensa historia de una unidad de élite de artificieros que resultó oscarizada.
El cine comercial también ha recurrido de forma continua a las biografías, alguna de las cuales rezuman interés. Entre ellas cabe citar “Una mente maravillosa, 2001“, biopic del matemático John Forbes Nash y “Cinderella man. El hombre que no se dejó tumbar, 2005” biografía del boxeador Jim Braddock, ambas de Ron Howard, que no fue capaz de aportar el pulso necesario a “El código Da Vinci, 2006” mediocre recreación cinematográfica del bestseller de Dan Brown. Merece una mención Michael Mann, con su biografía de “Ali, 2001”, previa  a su aclamada aunque discreta “Collateral, 2004”, Julian Schnabel, que narra la vida del poeta cubano Reinaldo Arenas en “Antes que anochezca, 2000”, Julie Taymor que traspone al cine la vida de la pintora “Frida, 2002”, Taylor Hackford que lleva a la pantalla una complaciente biografía de Ray Charles en “Ray, 2004“, James Mangold, autor de “En la cuerda floja, 2005” sobre la vida del cantante country Johnny Cash, Ed Harris, que realizando un proyecto personal detalla la vida del pintor “Pollock: La vida de un creador, 2000”, previa a su irregular “Appaloosa, 2008“ y Bennet Miller, autor de la interesante “Truman Capote, 2005“ con un sensacional Phillip Seymour Hoffman y a la que sigue la destacable “Moneyball: Rompiendo las reglas, 2010”.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Cine estadounidense de la última década II


El cine de la última década, necesitado de tácticas llamativas para llenar sus salas se ha entregado a las grandes catástrofes, la ciencia ficción más vacua, y los rimbombantes remakes de éxitos de cine de género. Casi todos los superhéroes de comic han conocido su trasposición a la pantalla y las grandes épicas de la recreación histórica se han visto plasmadas en las salas de cine. Los extraterrestres nos han visitado insistentemente y el artificio y el fuego artificial se han impuesto a la calidad cinematográfica en demasiadas ocasiones. Por contra géneros como el western, el musical o el cine negro prácticamente han desaparecido, dando paso a complejos y abigarrados thrillers y a continuos biopics.
            La ciencia ficción ha manejado títulos tan significativos como “Avatar, 2009” del experto en taquillazos James Cameron, reivindicación pretendidamente ecologista, plagada de color y tecnología, que se exhibe en tres dimensiones y que esconde un guión de lo más rutinario. El género ha ofrecido pocas atracciones y cabe destacar “A. I. Inteligencia artifical, 2001“ y “Minority report, 2002“ ambas de Steven Spielberg, con dos sólidos guiones. Por lo demás las fallidas “Misión a Marte, 2000“ de Brian De Palma o “Solaris, 2002“ de Steven Sorderbergh evidencian el deterioro a que ha llegado el género.
            Desde Spiderman al Capitán América, pasando por Batman, Lobezno, Daredevil, Tintín, Hellboy o Hulk, casi todos los superhéroes clásicos han llegado a la pantalla. Apenas “X-men, 2000“, de Bryan Singer y “El caballero oscuro, 2008“, de Chistopher Nolan merecen una mención. El paroxismo de las adaptaciones de cómic lo encontramos en la gratuitamente violenta y descarnada “Sin City, 2005” que codirigen Robert Rodríguez y Frank Miller, el propio autor del comic. En el reverso de estas producciones y buceando en la mítica del lector de comic que llega a convertirse en su protagonista se sitúa la excelente “American Splendor, 2003” de Shari Springer Berman y Robert Pulcini, con un fenomenal Paul Giamatti.
 
            En el capítulo de grandes recreaciones históricas han alcanzado gran predicamento las mediocres “Alejandro Magno, 2004“, de Oliver Stone, “300, 2007” de Zack Snyder y “Troya, 2004“ de Wolfgang Petersen. Mejor pulso narrativo y mayor atractivo ofrecen “Gladiator, 2000“ y “El reino de los cielos, 2005“ ambas del gran Ridley Scott.
            Por lo que respecta a remakes de películas de aventuras o ficción han prodigado unos cuantos realmente desafortunados como “Ultimátum a la tierra, 2008“, de Scott Derrickson, “La guerra de los mundos, 2005” de Steven Spielberg o “El planeta de los simios, 2001“, de Tim Burton. Decepcionante por más que espectacular resulta el “King Kong, 2005“, del neozelandés Peter Jackson.
            En este género de la superproducción aventurera pocos filmes han aunado espectacularidad y calidad. Las continuas adaptaciones de las novelas de Harry Potter son un claro ejemplo de vacuidad. Sin embargo Peter Jackson adapta a la pantalla la trilogía de “El señor de los anillos” de J.R.R. Tolkien alumbrando tres obras maestras como son “La Comunidad del Anillo, 2001“, “Las dos Torres, 2002“ y “El retorno del rey, 2003“. Los filmes captan a la perfección el espíritu de la novela, y apoyadas en un sólido guión, una grandiosa puesta en escena y unas interpretaciones ajustadas se han convertido en un clásico moderno.

            El cine de aventuras ha mostrado su profunda falta de ideas, su agotamiento temático y el uso reiterativo de recursos de puesta en escena y temas. Baste citar la saga de “Piratas del Caribe” para evidenciarlo. Pero de todo este caldo de cultivo emergen en ocasiones filmes excepcionales como ocurre con “Master and Commander: Al otro lado del mundo, 2003” de Peter Weir y con un sensacional Russell Crowe. También cabe citar la entretenida “Apocalypto, 2006” de Mel Gibson.
            En el ámbito del cine de acción han proliferado múltiples películas, entre ellas el renacer de la serie de James Bond, la del agente de la CIA Jack Ryan, creado por Tom Clancy y la misión imposible de Ethan Hunt. Sin duda la que mayor nervio narrativo e interés ha tenido es la del agente de la CIA creado por Robert Ludlum Jason Bourne, a través de “El caso Bourne, 2002“, de Doug Liman, “El mito de Bourne, 2004“ y “El ultimátum de Bourne, 2007“ ambas de Peter Greengrass.

            La última década debía ser la de los directores de la generación de los 90, integrada por Tim Burton, Quentin Tarantino, Joel y Ethan Coen, Steven Sorderbergh y Gus Van Sant, si bien sus resultados han sido dispares y en general, irregulares. Tim Burton, plasmará en sus filmes su personal universo figurativo, con su gusto por los temas fantásticos, los cuales sujeta a un desmesurado barroquismo formal, a lo largo de “Big Fish, 2003”, “Charlie y la fábrica de chocolate, 2005”, “La novia cadáver, 2005” o “Sombras tenebrosas, 2012”. En conjunto podemos decir que su obra no ha cuajado. Quentin Tarantino, que fue el gran animador del cine estadounidense en la década anterior nos entregó, con su personal gusto por la violencia, “Kill Bill: Volumen 1, 2003”, “Kill Bill: Volumen 2, 2004”, “Death Proof, 2007” y “Malditos bastardos, 2009”, películas de notable interés.                   
       Joel y Ethan Coen polarizan siempre una atracción sobre su cine que se antoja excesiva a la vista de sus resultados. Con “O Brother!, 2000“ firman una de sus más personales obras, a las que siguen la premiada “El hombre que nunca estuvo allí, 2001“, la irregular “Crueldad intolerable, 2003“, las discretas “Ladykillers, 2004“, “Quemar después de leer, 2008“ y “Un tipo serio, 2009“, la brillante “No es país para viejos, 2007“ adaptación de la novela de Cormac McCarthy y el esforzado remakeValor de ley, 2010“ con un estupendo Jeff Bridges.
            Steven Sorderbergh ha combinado como nadie el cine comercial con el de autor. Películas como “El buen alemán, 2006“, o la saga que inicia con “Oceans Eleven (Hagan juego), 2001” contrastan con filmes de gran factura como “Traffic, 2000”, “Erin Brockovich, 2000” o “Che: El argentino, 2008”, precisa incursión en la figura del mítico guerrillero, perfectamente encarnado por Benicio del Toro.
            Gus Van Sant es sin duda el autor más polémico de su generación, el que más controversia ha generado con su cine, y del que más ha sido puesto en entredicho su talento. Baste recordar sus filmes “Mala noche, 1985“, “Drugstore cowboy, 1989“ o “Mi idaho privado, 1991“. Sus personales filmes “Descubriendo a Forrester, 2000“, “Elephant, 2003“, sobre la masacre ocurrida en el instituto Columbine, “Last days, 2005”  inspirada en los últimos días del grupo de rock Nirvana, “Paranoid Park, 2007“ o “Mi nombre es Harvey Milk, 2008“ biografía del activista político homosexual, causan igual adhesión que rechazo, pero siempre resultan convulsas e interesantes.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Cine estadounidense de la última década I


         
            El cine estadounidense, fundamentalmente made in Hollywood, ha continuado su tendencia de búsqueda de la espectacularidad a cualquier precio. Está en su esencia y es la fórmula utilizada para combatir a la cada vez más variada y gigantesca industria del ocio. Las videoconsolas y dispositivos de juegos para niños, los smartphone, las descargas de contenidos de internet y hasta la televisión por cable con sus magníficas series, han provocado que el cine continúe con su huida hacia delante en el levantamiento de nuevos espectáculos plagados de efectos especiales, visión en tres dimensiones y consumo fácil, aunque ello vaya en detrimento de la calidad de las historias que muestra.
            Para encontrar el mejor cine de la década debemos acudir a los directores clásicos que comenzaron en los setenta y ochenta, los cuales han gozado de libertad y financiación para sus proyectos y que han demostrado un firme pulso narrativo. Clint Eastwood, Woody Allen o Martin Scorsese han entregado muchas de las mejores películas de la década.

            Clint Eastwood, en plena madurez creativa, ha entregado filmes como la torturada “Mystic River, 2003” sobre una novela de Dennis Lehane y con unos turbadores Sean Penn y Tim Robbins; la obra maestra “Million dollar baby, 2004”, historia de enorme aliento lírico, sobre las relaciones padre hija con el trasfondo del mundo del boxeo y un alegato desesperado a favor de la vida y la muerte digna con una actuación memorable del propio Eastwood y de Hillary Swank; “Cartas desde Iwo Jima, 2006”, versión japonesa de la batalla de Iwo Jima donde revela la extrema humanidad del enemigo nipón y que es la réplica a “Banderas de nuestros padres, 2006”, versión norteamericana de la batalla, pero filme de inferior calidad; “Gran Torino, 2008”, magistral historia de relaciones humanas desarrolladas en el entorno de una barrio multiétnico propio de cualquier ciudad estadounidense y “Más allá de la vida, 2010” extraño relato sobre la vida más allá de la muerte . Junto a estas obras, ha entregado otras de menor calidad como “Deuda de sangre, 2002” o “El intercambio, 2008”.

            Woody Allen, el gran genio de la comedia norteamericana, ha debido emigrar en esta década en busca de financiación para sus filmes. Tras sus divertidas comedias “Granujas de medio pelo, 2000”, “La maldición del escorpión de jade, 2001” y “Un final made in Hollywood, 2002”, cambia el registro experimentando con los puntos de vista fílmicos de comedia y drama en “Melinda y Melinda, 2004” para marchar a Londres donde firma la fabulosa “Matchpoint, 2005” revisitación libre del clásico “Un lugar en el sol, 1951“ de George Stevens, adaptación de la novela de Theodore Dreiser “Una tragedia americana”, turbia reflexión sobre la codicia y el arribismo. También en Londres entrega la deliciosa comedia “Scoop, 2006”, en Barcelona realiza la irregular “Vicky Cristina Barcelona, 2008”, en París la entretenida “Midnight in Paris, 2011”, en Nueva York “Si la cosa funciona, 2009 “ y “Conocerás al hombre de tus sueños, 2010” y en Roma “A Roma con amor, 2012”.

            Martin Scorsese ha coleccionado una serie de películas de sobria grandilocuencia y bajo vuelo que ha alternado con estupendos documentales. “Gangs of New York, 2002”, “El aviador, 2004”, “Infiltrados, 2006”, “Shutter Island, 2010” y “La invención de Hugo, 2011” son un ejemplo de solidez narrativa y de frialdad y falta de enganche. Sus documentales “No Direction Home: Bob Dylan, 2005”, “Shine a Light, 2008”, “Una carta a Elia, 2010” y “Public Speaking, 2010” resultan notables.
            David Mamet ha filmado dos películas menores, pero con su sello de calidad en el guión, “State and Main, 2000” y “El último golpe (Heist), 2001”. El canadiense Terrence Malik entrega las poéticas aunque discursivas “El nuevo mundo, 2005” y “El árbol de la vida, 2011” y Sidney Lumet “Antes que el diablo sepa que has muerto, 2007”.

            Entre los más veteranos se ha agudizado sobremanera el peso de la decadencia, Coppola, Lucas, De Palma o Kasdam han dado signos evidentes de agotamiento. Y si bien Robert Altman todavía dirigiría la notable “Gosford Park, 2001”, Mike Nicholls “Closer, 2004” y Sydney Pollack “La intérprete, 2005”, resulta evidente que han llegado a su ocaso.
            Dejando a un lado a Steven Spielberg y a Ridley Scott, el genio del off-off David Lynch dirige dos de sus personales y surrealistas filmes, de difícil digestión visual, confuso guión y terrible encanto como “Mulholland Drive, 2001” e “Inland Empire, 2001”.

        

martes, 16 de octubre de 2012

El Padre


Después de mucho titubear, decidió visitar a su padre. Era consciente de lo que podía encontrar. Reunió, no obstante, el valor suficiente y pensó egoístamente que si su padre moría pronto, seria incómodo vivir con la carga de haberlo ladeado de su vida. Era una cuestión práctica. Este pensamiento lo atormentaba, tenía una especie de malestar por sentir este egoísmo extremo hacia quién un día fue su héroe.

La casa estaba bastante deteriorada. Las manchas de humedad llegaban hasta las ventanas. Las tonalidades marrones y grises predominaban y había varias tejas rotas que ni se había molestado en arreglar.

Llamó a la puerta y su padre no tardó en abrir. Probablemente lo vio llegar.

Estaban nerviosos.

Entró en la casa tras un tímido saludo y se sentó. No hubo besos ni abrazos. Simplemente apretó el brazo de su padre y pasó directamente al salón. La chimenea estaba encendida y el ambiente olía a desagüe. Había cierto desorden que le era familiar. Su padre llevaba una camisa a cuadros que había sido suya y un pantalón gris. Usaba unos zapatos marrones muy viejos y gafas rotas unidas con cinta adhesiva.

La tristeza se adivinaba en los dos, se habían faltado al respeto, se habían decepcionado el uno al otro.

Mientras hablaban de banalidades, pensaba en como eran antes de que empezara todo, antes del desmoronamiento.

Fumaron unos cigarrillos mientras algunos chismorreos del pueblo, el trabajo y la situación socioeconómica del país rellenaron mas mal que bien el tiempo que se había propuesto invertir en recuperar a su padre. Estaba angustiado como nunca antes, una mezcla de miedo y angustia , una torpeza anormal tanto física como mental le tenía paralizado. Ya no había vuelta atrás, esta situación estaba contemplada y el riesgo estaba asumido.

A medida que avanzaba la conversación se fueron aflojando los nervios pero no lo suficiente para preguntarse por ellos mismos, por cómo estaban, por lo que sentían cuando iban a la cama y lo que pensaban cuando empezaban otro día.

Mantuvieron la distancia en todo momento. No obstante, fue el único de sus cinco hijos que lo visitó. Pensaba que aquel era un buen comienzo a pesar de todo, a pesar de la frialdad y de los tonos grises de la casa, de los ojos tristes de su padre, de las latas de conserva utilizadas como bebederos para los perros, de las briznas de tabaco esparcidas por el suelo y el sonido metálico de martillazos a lo lejos.

Hubo algo que le decía que aquello estaba bien, y que debería seguir. La voz de su padre cambió durante la visita, aquella voz que le tranquilizaba, la voz de quién le regalaba tebeos cuando era niño y quien perdió los nervios en el otoño de su vida. La voz de alguien que merecía ser perdonado. Desde luego aquel hombre merecía ser perdonado.

Cuado salió de casa sintió cierto alivio. Supo que aquella noche descansaría otra vez. Los tonos oscuros de la casa se mezclaban con la puesta de sol.

Se despidieron sin tocarse y quedaron para otro día, sin definir.

Subió a su coche mientras miraba alrededor , dando un último vistazo a lo que había sido su casa durante toda su vida. Le conmovió la tristeza reflejada en la cara de su progenitor, probablemente temiese que no hubiera una segunda visita. Con un tímido saludo con la mano se despidió. Sintió ganas de llorar pero se contuvo hasta salir del callejón. No era nadie, tras la apariencia de seguridad y suficiencia se ocultaba un adulto con los sentimientos de un niño aun por madurar, por hacer.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Cine latinoamericano de la última década

El cine argentino ha mostrado una vitalidad apabullante en la última década, empujado por un puñado de autores de personalidad acusada, guiones plagados de ingenio y una originalidad en los planteamientos de los temas universales difícil de encontrar en otras latitudes, dando la razón a Welles de que de toda crisis emerge el genio creativo. De entre esos autores cabe destacar a Adolfo Aristarain, Juan José Campanella y Marcelo Piñeyro.
            El genio de Adolfo Aristarain se asienta sobre unos guiones precisos y sublimemente escritos que dibujan una sintaxis cinematográfica que no deja lugar a la improvisación o a un alejamiento del mensaje y que encuentra en Federico Luppi su actor fetiche. Tras sus clásicos “Tiempo de Revancha, 1987”, “Últimos días de la víctima, 1992”, “Un lugar en el mundo, 1992” y “Martín (Hache), 1997” entrega la emocionante “Lugares comunes, 2002” y la entrañable “Roma, 2004”.
            Juan José Campanella es sin duda uno de los grandes directores del cine contemporáneo. Tras sus inicios en Estados Unidos, dirige en Argentina y apoyado en su propio actor fetiche, Ricardo Darín, su trilogía no buscada,  integrada por la obra maestra “El mismo amor, la misma lluvia, 1999” sobre una convulsa historia de amor y periodismo con el trasfondo de las tres últimas décadas de la historia argentina, “El hijo de la novia, 2001” conmovedora historia sobre los sueños irrealizables con unos diálogos plagados de humor y dramatismo y “Luna de Avellaneda, 2004”, precioso relato sobre el compromiso con el entorno. También entrega “El secreto de sus ojos, 2009”, imborrable y magistral filme asentado en un guión extraordinario, una historia cautivadora y con unos excepcionales Ricardo Darín y Soledad Villamil.
            Marcelo Piñeyro envuelve sus filmes de un sentido trágico y si bien sus resultados son irregulares, su cine no deja indiferente. Películas como “Plata quemada, 2000”, “Kamchatka, 2000” o “El método, 2005”, resultan interesantes.
            Entre los veteranos cabe destacar a Eliseo Subiela que entrega “El resultado del amor, 2007” y a Luis Puenzo que realiza la sugerente “La puta y la ballena, 2004”. Por su parte Eduardo Mignogna dirige “La fuga, 2001”, “Cleopatra, 2003” y “El viento, 2005”, películas que no consigue redondear.
            La producción argentina ha presentado otras películas de interés. Carlos Sorín, creador de un cine minimalista es autor de “Historias mínimas, 2002”, “Bombón, el perro, 2004” y “El camino de San Diego, 2006”. Tristan Bauer, autor del extraordinario documental “Cortázar, 1994” entrega la precisa “Iluminados por el fuego, 2005” sobre la guerra de las Malvinas y el documental “Che, un hombre nuevo, 2010”. Fabián Bielinsky es autor de la fantástica “Nueve reinas, 2000” con guión plagado de giros ingeniosos y un extraordinario Ricardo Darín, actuación que repite bajo la misma dirección en “El aura, 2005”.
            En el género de la comedia destaca la figura del actor Diego Peretti que, con un personaje de inspiración woodyalleniana, ha intervenido en varias comedias deliciosas entre las que destacan “Nos sos vos, soy yo, 2004” y “¿Quién dice que es fácil?, 2007”, ambas de Juan Taratuto y “Tiempo de valientes, 2005” de Damián Szifrón.
           
            El cine brasileño ha presentado una serie de filmes de alto interés, mostrándose como una cinematografía incipiente con una proyección prometedora. Los éxitos internacionales de “Ciudad de Dios, 2002” de Fernando Meirelles, brutal historia de narcos en una favela con estética de videoclip, de “Estación central de Brasil, 1998” y de “Diarios de motocicleta, 2004”, sobre el joven Che, ambas de Walter Salles y de “Tropa de élite, 2007“ y “Tropa de élite 2, 2010” ambas de José Padilha, han captado la atención internacional.
            Meirelles y Salles han probado suerte en el extranjero con resultado diferente. Meirelles firma la británica “El jardinero fiel, 2005” sobre la novela de John Le Carré y la canadiense “A ciegas, 2008” sobre José Saramago. Mientras, Salles firma en Estados Unidos la mediocre “La huella (Dark Water), 2005”, regresando a Brasil para dirigir la efectiva “Línea de pase, 2008”.
            Otros filmes resultan interesantes, así, “Última parada, 174, 2008” de Bruno Barreto, “La mala hora, 2004” del veterano director del Cinema Novo Ruy Guerra, “La casa de Alicia, 2007” de Chico Teixeira, “El año que mis padres se fueron de vacaciones, 2006” de Cao Hamburger o “El cielo de Suely, 2006” de Karim Ainouz.
            En Colombia, también encontramos figuras de atesorado valor poético. Sergio Cabrera, autor de la deslumbrante “La estrategia del caracol, 1993” firma la interesante “Perder es cuestión de método, 2004” y Víctor Gaviria, director de la inolvidable, extraordinaria “La vendedora de rosas, 1998” presenta “Sumas y restas, 2004”. Hasta Colombia llegan el franco-suizo Barbet Schroeder para dirigir la dura “La virgen de los sicarios, 2000” y el estadounidense Joshua Marston para rodar “María, llena eres de gracia, 2004” con una impagable Catalina Sandino, intensa historia sobre el drama personal que se esconde tras los correos de la droga. También cabe reseñar los filmes “Soñar no cuesta nada, 2006” de Rodrigo Triana y “Satanás (Perfil de un asesino), 2007” de Andrés Baiz.
            En Bolivia destaca la figura de Marcos Loayza, heredero de Jorge Sanjinés, que firma películas de indudable interés como “Cuestión de fe, 1995” y “El corazón de Jesús, 2003”. Asimismo es responsable del premiado documental “El estado de las cosas, 2007” sobre los terribles padecimientos de la población indígena.
            En Perú, el gran Francisco Lombardi continúa entregando películas magníficas, así su comedia sobre Vargas Llosa “Pantaleón y las visitadoras, 2000” y su sensacional relato sobre un grupo de periodistas de sucesos “Tinta roja, 2000”.
            En Chile, cabe destacar la figura de Andrés Wood, realizador de acusada personalidad que entrega los imprescindibles films “Machuca, 2004”, “La buena vida, 2008” y “Violeta se fue a los cielos, 2011” biopic de la gran cantante Violeta Parra. Boris Quercia es autor de la entretenida comedia “Sexo con amor, 2003” y el veterano Raoul Ruiz de la original “Días de campo, 2004” y de “Misterios de Lisboa, 2010”.
            En Uruguay destaca el interesante aunque discreto filme “Whisky, 2004” de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll.
            En Venezuela, Luís Alberto Lamatta, director de la afamada “Jericó, 1990” entrega las curiosas “Miranda regresa, 2007” y “El enemigo, 2008”.  Alejandro Bellame es autor de “El tinte de la fama, 2008” y Jonathan Jakubowicz dirige “Secuestro Express, 2005”.
            En Cuba, Juan Carlos Tabío, codirector de la mítica “Fresa y chocolate, 1993”, es responsable de la divertidamente surrealista “Lista de espera, 2000” y Humberto Solás entrega “Miel para Oshun, 2001”.
            El cine mexicano, por último, también ha acreditado una vitalidad creciente. Apoyado en una nueva generación de directores de pulso firme y en ocasiones rabia desaforada, se han sucedido directores como Alejandro González-Iñárritu, quién teniendo como guionista a Guillermo Arriaga, debuta con la desmedida “Amores perros, 2000”, a las que siguen dos filmes estadounidenses, la sólida “21 gramos, 2003” y la efectista “Babel, 2006”. Separado de Arriaga entrega la mediocre “Biutiful, 2010”. Alfonso Cuarón es autor de “Y tu mamá también, 2001” y de la sobrevalorada producción británica “Hijos de los hombres, 2006”. Carlos Reygadas es un autor complejo y exasperante, autor de la estridente “Japón, 2002” y de la pausada “Luz silenciosa, 2007” sobre una historia de amor en una comunidad menonita.
            Otras películas interesantes son “Bella, 2006” de Alejandro Gómez Monteverde, “Morirse en domingo, 2006” de Daniel Gruener y la discutida y efectista “Conejo en la luna, 2005” de Jorge Ramírez Suárez.
            Por su parte el veterano Arturo Ripstein entrega sus filmes “Así es la vida, 2000” emocionante y creíble versión libre de Medea y “La perdición de los hombres, 2000” inteligente exhibición de humor negro.

martes, 11 de octubre de 2011

Cine español de la última década

             El cine español, eternamente en crisis, ha dejado en estos últimos años un ramillete de películas brillantes e innovadoras, salpicando una producción por lo general mediocre. El difícil equilibrio entre éxito comercial y calidad cinematográfica ha sido conseguido por apenas un puñado de cineastas entre los que destacan Pedro Almodóvar, Alejandro Amenábar y Fernando León de Aranoa.
            El universo de Pedro Almodóvar ha evolucionado en el sentido de abordar otros géneros sin abandonar su estilo efectista, transgresor y decididamente visceral. En esta década ha entregado dos obras discutibles pero magistrales como “Todo sobre mi madre, 2000” y “Hable con ella, 2002”, y la extraordinaria “Volver, 2006” con una sobresaliente Penélope Cruz, junto con obras de menor vuelo como “La mala educación, 2004”, “Los abrazos rotos, 2009” y “La piel que habito, 2011”.
            Alejandro Amenábar también ha recorrido diferentes géneros desde su inicio con la eficiente pero sobrevalorada “Tesis, 1996”. En esta década ha dirigido la insustancial “Los otros, 2001”, la obra maestra “Mar adentro, 2004”, agitada reivindicación de la eutanasia con un sublime Javier Bardem y la entretenida “Ágora, 2009”.
            Fernando León de Aranoa es el cineasta que mejor ha aplicado a sus  hiperrealistas filmes de denuncia social una dosis de magia. Su realismo mágico tan bien filmado en “Familia, 1996” y “Barrio, 1998” es llevado a su máxima expresión con la dramática pero delirante “Los lunes al sol, 2002”, clásico moderno del cine español con unos sensacionales Javier Bardem y Luis Tosar. Sus posteriores “Princesas, 2005” y “Amador, 2010” resultan interesantes aunque inferiores.
            Por el camino del realismo con sello propio, el cine español ha encontrado algunas películas notorias como la brillante “La soledad, 2007” de Jaime Rosales, la emotiva y contundente “Solas, 1999” de Benito Zambrano, autor también de la entretenida y maniquea “Habana Blues, 2005”, la sobrecogedora “Te doy mis ojos, 2003” de Icíar Bollaín, autora a su vez de la entrañable “Flores de otro mundo, 1999” y de “Mataharis, 2007”, el documental “En construcción, 2001” de José Luís Guerín, “El bola, 2000” de Achero Mañas o la sorprendente y espeluznante “Camino, 2008” de Javier Fesser.
            El cine de género ha proliferado abundantemente en esta década, prodigándose las comedias costumbristas de escaso o nulo interés al estilo de “El otro lado de la cama, 2002” de Emilio Martínez Lázaro o la infumable serie de Santiago Segura sobre su personaje Torrente, de gran éxito comercial. El cine de terror también ha experimentado un auge notable, con filmes como “Los sin nombre, 2000” y “Rec, 2007” de Jaume Balagueró, la segunda dirigida en compañía de Paco Plaza, “El orfanato, 2007” de Juan Antonio Bayona, “El espinazo del diablo, 2001” y “El laberinto del fauno, 2006” ambas de mexicano Guillermo del Toro, “Enterrado, 2010” de Rodrigo Cortés... En general se trata de filmes irregulares a los que Alex de la Iglesia añadirá la desmesura en sus sobrevaloradas “La comunidad, 2000”, “Los crímenes de Oxford, 2008” y “Balada triste de trompeta, 2010”.
            En el terreno del thriller se ha impuesto la figura de Enrique Urbizu, autor de las sólidas “La caja 507, 2002”, “La vida mancha, 2003” y “No habrá paz para los malvados, 2011”.
            En el cine de reconstrucción histórica destaca la entretenida “Alatriste, 2006” de Agustín Díaz Yanes que lleva a la pantalla el personaje de Arturo Pérez Reverte. Con peores resultados Vicente Aranda entregó “Juana la Loca, 2001” y “Tirante el blanco, 2006” y Emilio Martínez Lázaro “Las 13 rosas, 2007”. Tampoco cuajaron con acierto las adaptaciones al cine de “Los girasoles ciegos, 2008” de José Luís Cuerda y de “Soldados de Salamina, 2003” de David Trueba. Sin embargo cabe destacar la conmovedora “La lengua de las mariposas, 2000“   del propio Cuerda y con un soberbio Fernando Fernán Gómez y la vibrante “Salvador, 2006“  de Manuel Huerga.
            Otras apuestas innovadoras han resultado la desesperada “Smoking Room, 2002” de Roger Gual y J. D. Wallovits, la imprecisa “Azuloscurocasinegro, 2006“  de Daniel Sánchez Arévalo, la interesante intriga “Incautos, 2003” de Miguel Bardem,  “La flaqueza del bolchevique, 2003” de Manuel Martín Cuenca y el apabullante drama carcelario “Celda 211, 2009“ de Daniel Monzón, con un hipnótico Luis Tosar.
            El veterano José Luís Garci ha entregado sus personales “You´re de One, 2000”, “Historia de un beso, 2002” y “Tiovivo C. 1950, 2004”  apelando a un clasicismo ya obsoleto. Otro veterano, Fernando Trueba junto a Javier Mariscal dirigen el film de animación “Chico y Rita, 2010”. Montxo Arméndariz pone en escena una historia de maquis en “Silencio roto, 2001”.
            Por último cabe citar las sobrevaloradas filmografías de una serie de directores con obras que en su conjunto resultan aburridas. Isabel Coixet dirige “Mi vida sin mí, 2003”, “La vida secreta de las palabras, 2005”, “Elegy, 2008” o “Mapa de los sonidos de Tokio, 2009”, películas de sólido planteamiento pero con un desarrollo desesperante. El reputado Julio Medem es autor de las pésimas “Lucía y el sexo, 2001”, “Caótica Ana, 2007“ y “Habitación en Roma, 2010”. Gracia Querejeta entrega la aburrida “Siete mesas de billar francés, 2007”, Cesc Gay las interesantes pero inconsistentes “Krámpack, 2000”, “En la ciudad, 2003” y “Ficción, 2006”   y Agustí Villaronga las fallidas “El mar, 2000” y “Pa negre, 2010”.

lunes, 3 de octubre de 2011

Cine europeo de la última década

            Sobre el cine europeo gravitan las incertidumbres propias de la ausencia de una estructura productiva capaz de competir con la arraigada industria norteamericana. En muchas filmografías nacionales existe además un problema de relevo generacional.

            En Francia la última década ha dejado unos discretos resultados si se comparan con  su fértil producción anterior. Algunos de los autores veteranos mostrarán todavía su vigor. Bertrand Tavernier dirige la magnífica “Hoy empieza todo, 2000” y las discretas “La pequeña Lola, 2004” y “La princesa de Montpensier, 2010”. El clásico Claude Chabrol continuará su serie de películas de misterio en el corazón de la burguesía de provincias con “Gracias por el chocolate, 2000”, “La flor del mal, 2003” o “La dama de honor, 2004”. Jacques Rivette entrega las notables “Vete a saber, 2001” y “La historia de Marie y Julien, 2003”. Agnes Varda firmará la original y dura “Los espigadores y la espigadora, 2000”. André Techiné por su parte dirige “Los testigos, 2006”; Eric Rohmer presenta la admirable “La inglesa y el duque, 2001”; Patrice Leconte entregará la discreta comedia “Mi mejor amigo, 2006” y el georgiano Otar Iosseliani “Lundi matin, 2002“.
            El bagaje de producciones con interés es escaso, proliferando una serie de filmes de fuerte impacto comercial y escasa calidad como “American cuisine, 2000“  de Jean Yves Pitoun, “Los ríos de color púrpura, 2000” y “Gothika, 2003” de Mathieu Kassovitz o “El secreto de Anthony Zimmer, 2005” de Jerome Salle, entre otras. La más sobresaliente de estas obras es “Los chicos del coro, 2004” de Chistophe Barratier.
No obstante existe un ramillete de películas de interés obra de una nueva generación de directores. Jacques Audiard es el autor de “Lee mis labios, 2001”, “De latir mi corazón se ha parado, 2005” y “Un profeta, 2009”. El marsellés Robert Guediguian entrega la espléndida “La ciudad está tranquila, 2000”. Francois Ozon filma la inquietante “La piscina, 2003”. Francois Dupeyron presenta la tierna “El señor Ibrahim y las flores del Corán, 2003”. Jean Pierre Jeunet entrega la entrañable “Amelie, 2001”. Laurent Cantet es el autor de la fenomenal “La clase, 2008” sobre un grupo de alumnos de origen multiétnico y Nicolas Philibert del documental sobre un profesor rural “Ser y tener, 2002”. Michel Gondry dirige “La ciencia del sueño, 2006” tras haber rodado en Estados Unidos la original “¡Olvídate de mí!, 2004“. Gaspar Noe es autor de “Irreversible, 2002”, Samuel Benchetrit de la comedia “Janis y John, 2003”; Claire Denis de “El intruso, 2004”; Remi Bezancon de la entretenida comedia “El primer día del resto de tu vida, 2008”; Agnes Jaoui de “Para todos los gustos, 2000”; Chistian Carion de “Feliz Navidad, 2005” y Raymond Depardon de “La vida moderna, 2008”.
Entre los extranjeros que arriban a Francia destacan las producciones “La escafandra y la mariposa, 2007” del estadounidense Julian Schnabel, “El perfume: Historia de un asesino, 2006” del alemán Tom Tykwer y las dirigidas por Michael Haneke.

En Italia, la última década apenas ha producido filmes reseñables. La figura central de su cinematografía es Nani Moretti que entrega la terrible “La habitación del hijo, 2001” y “Caos calmo, 2008”. Marco Tullio Giordana es autor de “Los cien pasos, 2000” y hace para televisión la espléndida “La mejor juventud, 2003”. Gabriel Salvatores es responsable de “Quo vadis, baby?, 2005”; Paolo Sorrentino dirige de “Las consecuencias del amor, 2004“ y “El divo, 2008” sobre la figura de Giulio Andreotti. También destaca la adaptación de la novela de Roberto Saviano “Gomorra, 2008” dirigida por Mateo Garrone y la sórdida “La bestia en el corazón, 2005” de Cristina Comencini sobre las secuelas de los abusos sexuales en la infancia.
En Bélgica, los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, son autores de una serie de películas de rabioso realismo, influencia dogma y áspera visión como “Rosetta, 1999”, “El hijo, 2002”, “El niño, 2005” y “El silencio de Lorna, 2008”.
En Holanda, Paul Verhoeven, retornado de su aventura americana, entregará la excesiva “El libro negro, 2006”.
En Portugal, el nonagenario Manoel de Oliveira ha firmado una prolífica filmografía homenaje al plano secuencia, de ritmo lento y de cansada visión, entre las que podemos subrayar “Una película hablada, 2003”
En Polonia destaca la impagable figura de Roman Polanski. A través de coproducciones de varios países europeos este cineasta genial ha ido entregando obras de enorme calidad. La apabullante “El pianista, 2002” narra con crudeza la biografía de Wladyslaw Szpilman bajo la ocupación nazi de Polonia con un magnífico Adrien Brody. La sólida intriga “El escritor, 2010”  se verá superada por la delirante “Un dios salvaje, 2011”. El ya octogenario Andrzej Wajda entregrará “Katyn, 2007”, crónica de la masacre de miles de oficiales polacos en ese enclave.

En Rumanía, Cristian Mungiu entrega la impactante “4 semanas, 3 meses y 2 días, 2007“, sobre un aborto clandestino en la era comunista de Ceaucescu e “Historias de la edad de oro, 2009”, crónica de los durísimos últimos años de la dictadura comunista en clave de comedia. Catalin Mitulescu firmará “Cómo celebré el fin del mundo, 2006”.

En Hungría, el gran Istvan Szabo entrega la coproducción “Conociendo a Julia, 2004” con una estupenda Anette Bening.

En Rusia, destaca la figura del prolífico y polémico Alexander Sokurov, autor tildado de pseudointelectual y realizador de películas de difícil visionado como su célebre “El arca rusa, 2002”, extraño paseo por el museo Hermitage y “Fausto, 2011”. Andrei Zviagintsev firmará la sobria y emocionante “El regreso, 2003”. Sergei Bodrov entregará “Mongol, 2007” y el veterano Nikita Mihalkov la irregular “12, 2007”.

En Grecia, Giorgios Lanthimos dirige la original aunque petulante “Canino, 2009”.

En el cine balcánico, el gran director serbobosnio Emir Kusturica ha realizado “La vida es un milagro, 2004” y el curioso –y flojo- documental “Maradona por Kusturica, 2008”.  Goran Paskaljevic es el autor de la espléndida “Optimistas, 2006”, serie de cinco relatos de tinte satírico inspirados en “Candido” de Voltaire pero trasladados a la Serbia actual. Igualmente merece una reseña notoria el bosnio Danis Tanovic y su magnífica “En tierra de nadie, 2001” sobre la guerra de Bosnia.





sábado, 24 de septiembre de 2011

El cine del norte de Europa de la última década


            A mediados de los años noventa en el cine del norte de Europa iba a emerger un Movimiento que se constituiría como revulsivo esencial para entender la cinematografía contemporánea. El surgimiento de Dogma 95 implica una declaración de principios radical y con pretensiones de pureza que establece unas reglas que persiguen desnudar al cine de artificios, apegarse a la realidad con la violencia del presente de indicativo –la acción siempre transcurre aquí y ahora- y la sujeción estricta a la cámara en mano como único vehículo expresivo. Si para Godard el travelling es una cuestión moral, para Dogma 95 “debemos vestir las películas con uniforme de guerra”. El movimiento se estrenó con un ramillete de películas magníficas, viscerales e inolvidables, como “Rompiendo las olas, 1996” y “Los idiotas, 1998” de Lars von Trier, “Celebración, 1998” de Thomas Vinterberg, “Mifune, 1999” de Soren Kragh-Jacobsen o “Lovers, 1999” de Jean Marc Barr.
            En el corazón de Dogma 95 se sitúa Lars von Trier, un cineasta genial e impredecible, autor de la obra maestra “Bailar en la oscuridad, 2000”, de la desconcertante y atractiva “Dogville, 2003”, de la deliciosa aunque amarga comedia “El jefe de todo esto, 2007” y de la descompensada “Anticristo, 2009”.
            El cine danés posterior a Dogma ha seguido entregando películas de enorme belleza e interés que al tiempo no dejan de plantear los demonios de la moderna civilización europea y que en cierto sentido resultan tributarias de aquel movimiento. Lone Scherfig será la responsable de la comedia “Italiano para principiantes, 2001” y de la irregular “Wilbur se quiere suicidar, 2004” antes de marchar a Inglaterra a dirigir “An education, 2009”. Susanne Bier firma “Te quiero para siempre, 2003”, las grandiosas “Hermanos, 2005” y “Después de la boda, 2007”, la desgarradora “Cosas que perdimos en el fuego, 2008” y la magistral y emocionante “En un mundo mejor, 2011”, profusamente premiada. Otras citas de interés las tenemos con la demoledora “La herencia, 1993” de Per Fly, o la hermosa comedia noruega “Elling, 2001” de Peter Naess.
            Mientras el país de Dreyer se ha convertido en centro neurálgico del cine mundial, en Suecia el sempiterno Ingmar Bergman entregará su última película, la imprescindible “Saraband, 2003” con los insuperables Liv Ullmann y Erland Josephson. Precisamente Liv Ullmann es la responsable de “Infiel, 2000” otro filme de sutil belleza sobre el que gravita Bergman, con una impagable Lena Endre.
            También resultan notorias, aunque inferiores, la sorprendente historia vampírica “Déjame entrar, 2008” de Tomas Alfredson, la adaptación al cine de la trilogía de Stieg Larsson “Millenium, 2009” de Niels Arden Oplev y “Adiós mamá, 2005” de Klaus Härö.
            Mientras, en Finlandia el veterano Aki Kaurismaki entrega la notable “Un hombre sin pasado, 2002” fiel a su universo de fría austeridad narrativa.

            El cine alemán también ha sabido reciclarse tras el paso a un segundo plano de directores como Wim Wenders, Werner Herzog o Volker Schlöndorff, que aún entregaría “El noveno día, 2004” o “Billy Wilder habla, 2006”. Doris Dörrie, tras la divertida “Hombres, hombres, 1985”, vuelve a retomar el pulso de la dirección con “Sabiduría garantizada, 2000” y “Cerezos en flor, 2008”. Y otra veterana, Margarette von Trotta, autora de “Las hermanas alemanas, 1981” firmará la interesante “La calle de las rosas, 2003”.
Una nueva generación de sólidas películas han gozado a su vez de éxito internacional. “El experimento, 2001”, curioso film sobre el comportamiento humano en situaciones límite y “El hundimiento, 2004” sobrio y mortífero relato sobre los últimos días de Hitler, con un impecable trabajo de Bruno Ganz, ambas de Oliver Hirschbiegel; “Good bye, Lenin, 2003“ de Wolfgang Becker, comedia sobre los cambios producidos en Berlín Este tras la caída del Muro; “La vida de los otros, 2006“ de Florian Henckel-Donnersmarck, escalofriante historia sobre la asfixia vital a la que sometía a sus habitantes el régimen comunista de la antigua Alemania oriental; “Los edukadores, 2005“ de Hans Weingartner, irregular alegato ideológico; “Deliciosa Martha, 2000“ de Sandra Nettelbeck, maravillosa historia con el trasfondo de la cocina de un restaurante; “Berlín está en Alemania, 2001“ de Hannes Stohr, basada en un hecho real; “Cuatro minutos, 2006“ de Chris Kraus, grandilocuente historia de relaciones personales con la música como medio; “Sophie Scholl: Los últimos días, 2006“ de Marc Rothemund, nueva versión de la historia de la resistencia contra el régimen nazi; "Los falsificadores, 2007" de Stefan Ruzowitzky, entretenido filme sobre falsificación de moneda en un campo de concentración.
Una mención especial merecen dos cineastas de acusada personalidad, el alemán de origen turco Fatih Akim y el germano- austríaco Michael Haneke. Akin relata historias convulsas plagadas de fuerza como “Contra la pared, 2004” y “Al otro lado, 2007” ambas sobre el universo turco en Alemania y la fallida “Soul Kitchen, 2009”. Haneke revive el paradigma del director europeo reflexivo y heterodoxo, acusado de la excesiva lentitud de sus historias, así dirige “Código desconocido, 2000”, la exasperante “La pianista, 2001” sobre Efriede Jelinek, “El tiempo del lobo, 2003”, “Caché, 2005” impresionante e inquietante historia que constituye sin duda su mejor película y “La cinta blanca, 2009” lenta pero turbadora historia sobre la ambigüedad moral de la educación y sociedad alemana de principios del siglo XX.